Un reciente estudio internacional ha encendido las alarmas sobre la acumulación de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como «químicos eternos«, en la fauna silvestre. Investigadores encontraron que los niveles de estas toxinas en las aves migratorias han aumentado hasta 180 veces en comparación con mediciones anteriores, lo que sugiere que el problema podría ser más grave y extendido de lo que se pensaba.
Las PFAS, utilizadas en productos industriales y de consumo como teflón, envases de alimentos y retardantes de fuego, son compuestos altamente persistentes en el medioambiente. No se degradan con facilidad y tienden a acumularse en los organismos vivos, lo que las convierte en una amenaza silenciosa para la biodiversidad y la salud humana.
Un peligro que cruza continentes
El estudio, publicado en el Journal of Hazardous Materials, analizó muestras de aves zancudas migratorias en la ruta de Asia Oriental y Australasia, un corredor biológico vital que conecta Siberia con Australia. Además de examinar los hígados y la sangre de 25 aves, los investigadores también analizaron 30 muestras de mariscos, fuente principal de alimentación de estas especies.
Los resultados fueron inquietantes: además del drástico aumento de PFAS en los tejidos de las aves, también se detectó una concentración significativa en los mariscos. Esto confirma que la contaminación no solo afecta a la fauna silvestre, sino que también podría estar llegando a la cadena alimentaria humana.
«Estos compuestos han sido motivo de preocupación durante años debido a su uso masivo en la industria y su impacto potencial en la salud de diversos organismos«, explicó Junjie Zhang, investigador postdoctoral de la Norwegian University of Science and Technology (NTNU) y autor principal del estudio. «Lo preocupante es que ahora estamos detectando niveles mucho más altos en ecosistemas donde antes pasaban desapercibidos«.
Nuevas técnicas revelan una contaminación oculta
Uno de los factores que explican este hallazgo es la aplicación del ensayo de Precursor Oxidable Total (TOP), una técnica desarrollada por la coautora Lara Cioni, que permite identificar un espectro más amplio de PFAS en el medioambiente.
«Muchos estudios previos solo se enfocaban en ciertos tipos de PFAS, pero nuestra metodología ha permitido identificar compuestos precursores que antes no eran detectables«, indicó Zhang. «Esto no solo significa que la contaminación es peor de lo que pensábamos, sino que también podría haber fuentes de emisión que todavía no hemos identificado«.
Impacto en la salud y el ecosistema
Las PFAS han sido relacionadas con diversas enfermedades, incluyendo cáncer, daño hepático, trastornos hormonales y debilitamiento del sistema inmunológico. En animales, su acumulación puede afectar la reproducción, el desarrollo y la resistencia a enfermedades.
Veerle Jaspers, coautor del estudio, destacó que esta investigación es solo el inicio de un análisis más profundo sobre el impacto de los PFAS en la fauna migratoria. «Muchas de estas especies ya enfrentan amenazas significativas por la pérdida de hábitat y el cambio climático. Si a esto sumamos la exposición a químicos tóxicos, estamos viendo una crisis ecológica en desarrollo«, advirtió.
Urgencia de regulaciones y más investigación
Ante este escenario, los científicos enfatizan la necesidad de establecer regulaciones más estrictas sobre el uso y la eliminación de PFAS, así como continuar con investigaciones para identificar fuentes desconocidas de contaminación.
«No podemos abordar lo que no comprendemos completamente. Es fundamental seguir investigando cómo estas sustancias se propagan en el medioambiente y qué efectos tienen en la salud de los ecosistemas y de los seres humanos«, concluyó Zhang.